EL CRISTAL EN PEDAZOS
Written by admin on Septiembre 5th, 2008por Niki Tito
En una entrevista imaginaria al final de El portero y el otro, el narrador uruguayo Mario Levrero se pregunta y se responde a sí mismo acerca de las formas autobiográficas de narración: “Yo hablo de cosas vividas, pero en general no vividas en ese plano de la realidad con el que se construyen habitualmente las biografías”. Es muy posible que este cuestionamiento a las nociones tradicionales de biografía y realidad sea el mismo del que parte Mario Bellatin al momento de concebir y diseñar El Gran Vidrio.
Ya en algunos libros anteriores, una de las obsesiones de Bellatin era convencer al lector de que sus historias de ficción eran verdaderas, es decir, que habían sucedido en la “realidad”, al mismo tiempo que forzaba lo verosímil de la narración. Lo ha intentado en Shiki Nagaoka: una nariz de ficción, acompañando lo relatado de una serie de documentos que probarían la existencia del personaje principal; y en Perros héroes, adjuntando al texto una suerte de testimonio gráfico. En ambos casos las fotografías eran los elementos que operaban como puentes entre lo que comúnmente se conoce como ficción y realidad.
En el caso de El Gran Vidrio, Bellatin se vale del género de la autobiografía –más precisamente de la credibilidad que posee la autobiografía en términos de verdad– para violentarla, para utilizarla como una especie de cáscara, de concepto vacío para ser llenado de una manera distinta a la habitual. He ahí el camino que se propone Bellatin en este libro. Y sí: funciona. Al revisar el subtítulo que lleva el libro y que sirve como marco de lectura, “tres autobiografías”, nos damos cuenta de inmediato que con ello Bellatin echa por tierra la idea tradicional de que una autobiografía es única, irrepetible, invariable. Bellatin no propone solo una. Pero tampoco dos, previendo quizá una lectura especular en la que en finalmente ambas no serían más que una. Así, las tres autobiografías (de las muchas posibles) que el libro incluye proponen capturar de modos distintos algunos retazos de lo real en relatos de diferente naturaleza. Si en libros anteriores Bellatin incluía fotografías y documentos para probar el carácter verdadero de los hechos y de los personajes, en El Gran Vidrio él mismo se incluye como personaje como prueba irrefutable de veracidad.














